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Asociación Aragonesa de Jugadores de Azar en Rehabilitación
Incomprensión
Fecha: Viernes, 2 de mayo de 2008
Fuente: El Periódico de Aragón
Palabras clave: economía gran scala política

Artículo de José Luis Trasobares: "Los verdaderos hombres de negocios dan miedo; los timadores, risa."

Don Carlos Marx consideraba alienados a los parias de la tierra que en el siglo XIX creían a pies juntillas en las martingalas del capitalismo. A fecha de hoy muchas personas siguen teniendo similares desenfoques a la hora de explicarse a sí mismas cómo funcionan el mundo y sus cosas. Por lo menos hubo una época (que hoy conmemoramos) en la cual los paradigmas de la clase obrera identificaban la manera de ser y estar de millones de seres humanos en Occidente. Ahora, tener conciencia de lo que se es como individuo o como grupo requiere tanta reflexión y tanta filosofía que la mayoría se aburre por el camino. La televisión hace lo demás.

El insólito caso Gran Scala ha permitido visualizar lo que bastante gente piensa de la vida. Para empezar es inaudito que no pocos aragoneses (empezando por quienes nos gobiernan) creyesen que la neociudad de los Monegros era un proyecto serio, factible. ¡Por favor! ¡Pero si nunca jamás ha existido la mínima posibilidad de que tal cosa se llegase a hacer! Ni un negocio tan peculiar y oscuro como el juego puede permitirse extravagancias e inversiones tan descomunales y absurdas como las que nos anunciaron.

Los grandes contratos no se negocian en entornos lujosos, sino en ambientes más bien ascéticos. Tampoco se llevan los regalos ni las invitaciones. En este sentido, las grandes multinacionales imponen a sus ejecutivos códigos muy estrictos. Por supuesto nadie se sienta a tratar asuntos de envergadura con representantes de sociedades instrumentales, desconocidas y descapitalizadas. Existen asesorías especializadas en investigar la solvencia real de posibles clientes, proveedores o asociados. En la economía capitalista General Motors es General Motors e Inditex es Inditex; ILD no es nada.

Hay, por supuesto, corrupción, mentiras, jugadas audaces, estafas y tráficos miserables. Pero todo eso, para que funcione, ha de hacerse con discreción, fundamento y eficacia. El frikismo en boga no es sino mero entretenimiento. Los verdaderos hombres de negocios dan miedo; los timadores, risa.

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