Documento de prensa completo sobre la postura de Azajer respecto a Gran Scala. Decimos NO por los costes sociales, por la problemática asociada y por la injusticia que supone una legislación a la carta, entre otros motivos.
Azajer se posiciona abiertamente en el no a Gran Scala desde su perspectiva específica de asociación dedicada a la información, prevención y rehabilitación de jugadores patológicos y sus familias.
Azajer dice no por las siguientes razones:
Queremos dar nuestra visión sobre las consecuencias negativas que la posible implantación de Gran Scala acarreará debidos a los cambios legislativos, modificaciones de reglamentos, tasas fiscales, afecciones y costos sociales entre la población.
Igualmente nos planteamos, en caso de que el proyecto siga adelante, qué tipo de casinos queremos, en qué condiciones, con qué tipos de juegos, si debe o no existir control de acceso, horarios, valor de las jugadas, publicidad y otras muchas cuestiones que hasta el momento nadie ha planteado.
Uno de los factores más importantes para reforzar los procesos adictivos es, sin lugar a dudas, la posibilidad de poder realizar en cualquier momento y lugar la propia acción adictiva. A esto le llamamos accesibilidad, y la implantación en nuestro territorio del proyecto Gran Scala, desde luego, favorece dicha posibilidad, pues va a facilitar, a través de los 32 casinos (o, mejor dicho, hoteles-casino) que se piensan instalar, la realización de dicha conducta adictiva en cualquier momento y en cualquier espacio de los hoteles casinos (pasillo, hall , baños, etc.), de día o de noche, con el consiguiente incremento de las apuestas problemáticas o patológicas. No solamente este factor va a ser determinante para que los problemas de juego aumenten; hay otros factores que igualmente van a influir en dicho desarrollo de problemas alrededor del juego, y no únicamente como problemas de juego. Estamos hablando de la difusión o publicidad que se realizará de los juegos, de las oportunidades y, sobre todo, de la difusión pública de los cuantiosos premios obtenidos, que indiscutiblemente ayudarán a mantener la expectación y reforzarán el deseo de jugar por el acicate de esos multimillonarios premios.
Otro de los factores que incrementan la compulsibilidad del juego y, con ello, el descontrol y abuso del mismo es que las jugadas serán de un precio muy bajo y con
posibilidades de premios millonarios. Ya tenemos los tres elementos que hacen y refuerzan el carácter adictógeno del juego de azar desarrollado en los casinos.
La pregunta es: ¿es esto lo que queremos para Aragón? ¿Es este el modelo de casinos que podemos aceptar para nuestra comunidad? Trataremos de incorporar datos al debate.
¿Cual es el modelo de casinos que queremos? Si acaso los queremos:
Hoy en día se presentan dos modelos de casino, totalmente diferentes y con características identificatorias claramente definidas. Veamos los modelos.
Modelo tipo Las Vegas, cuyas características específicas serían:
Modelo tipo español, cuyas características distintivas serían:
El modelo debe de cumplir con el objetivo de que sus beneficios no se contrarresten con los riesgos: ludopatía, crisis familiares, pérdida de horas productivas por el juego, delitos (lavado y blanqueo de dinero, prostitución, prestamistas, aumento de la delincuencia). Costo social frente a beneficio empresarial.
El modelo de casino debe guardar el equilibrio adecuado de forma que garantice la creación de empleos, beneficios sociales, pago de impuestos y que no sean una competencia desleal con otros estamentos o negocios dedicados igualmente al ocio o temas comunes, pero ya implantados en el tejido social y productivo de la zona de asentamiento e influencia.
Un ejemplo podría ser, en el caso de Gran Scala, la afectación negativa que para una ciudad como Zaragoza, denominada Ciudad de Congresos, tendrá la implantación de Gran Scala con centro de congresos y otros alicientes que sin duda tendrán un mayor poder de convocatoria que el pudiera tener la ciudad de Zaragoza por sí sola. Lo mismo ocurrirá con el sector del ocio en general y en el sector del juego implantado.
Siempre hablamos de los casinos de EE.UU., pero los centros en los que existen casinos en Estados Unidos no son todos iguales. Por ejemplo, Atlantic City, en donde el número de casinos está controlado y son exclusivamente 13 frente a los 500 de Las Vegas, será sobrepasado por Gran Scala en 19 casinos más. Tienen un rigurosísimo control sobre el juego y los jugadores, no están instalados en hoteles y son complejos e instalaciones en las que a su alrededor, sí existen hoteles, tiendas, espectáculos y centros comerciales, lo que significa no solamente los empleos directos del casino, sino muchos más empleos más cualificados que significan más beneficios directos para los ciudadanos. Los modelos que podemos considerar de la misma manera serían el Casino de Montecarlo y los de Montreal o los ya reseñados de Atlantic City.
Otro factor que debemos de considerar es el papel del juego como productor de turismo. O bien ¿debe de ser al revés? ¿El juego no debería ser un complemento de nuestros recursos turísticos? ¿Debemos de cambiar todo, leyes, reglamentos, cultura, desarrollo, para atraer a 70.000 visitantes diarios que en principio solo vienen por los casinos?
La gran diferencia que existe entre una economía productiva y las transacciones económicas que realizan los casinos estriba en que, mientras la economía productiva obtiene un beneficio y unas utilidades de la cadena productiva o de servicios añadidos y los integrantes de la misma, en su medida, participan, de sus beneficios en forma de salarios, primas, etc., redundando en la mejora de la calidad de vida personal, familiar y social de los trabajadores implicados en la producción o en la distribución, y todo ello sin generar por ello pérdidas a ninguno de los intervinientes en el sistema, en los casinos la ley que los rige exige muchas pérdidas y pocos beneficiados para así poder mantener sus propios beneficios.
En este sistema todos los juegos se rigen por el mismo principio. Tienden pues a promover desigualdades e inestabilidad en los ingresos de las familias de los jugadores y mucho más si ya son jugadores adictos o ludópatas. Todo esto sin contar con el daño que la persona dependiente y el entorno afectado sufren por las reiteradas pérdidas que el abuso del juego produce. No hay que olvidar que un ludópata afecta aproximadamente a 17 personas de su entorno.
Tampoco es muy claro el efecto compensador de los impuestos y lo que las administraciones recaudan por efecto de las tasas sobre el juego de los casinos instalados, aún por mucho que se hable de impuestos que revierten en aquellos estamentos o sectores que soportan los costos sociales ocasionados.
Esta situación de interés de las administraciones por la implantación de casinos o negocios de juego hace que debamos considerar a los gobiernos y a las administraciones como auténticos adictos, dependientes del juego, pues una parte importante de sus actividades están financiadas por estos ingresos y por ello se han vuelto dependientes de la existencia y de las tasas derivadas de su actuación. De hecho el Gobierno de Aragón estima que éstas serán de 600 ó 700 millones de euros cuando el proyecto de Gran Scala esté terminado. Por ello el debate no debería ser si la gente tiene derecho a jugar, sino más bien si el Gobierno debe de actuar como promotor del juego.
El dinero que se pierde en el casino, en todos los juegos, tuvo en principio que dejar a un lado otros posibles usos del mismo: ahorro, inversiones, compras de servicios o de bienes de primera necesidad en los casos más extremos. En esta última situación no es infrecuente la comisión de delitos para conseguir fondos para jugar, dado que es condición imprescindible el tener dinero para poder jugar, aunque los beneficiados de este dinero no son sino la banca y los operadores y, en pocas ocasiones, el jugador, pues la máxima sigue siendo que pierdan muchos y ganen muy pocos.
El casino no genera valor agregado. El dinero que se pierde proviene de otras actividades económicas y desaparece en los casinos, por lo que se puede decir, de manera inequívoca, que los casinos son actividades económicas en sí mismas improductivas que obtienen sus rendimientos de sacar del circuito económico el consumo, el ahorro o las inversiones productivas, teniendo un efecto económico perverso en la generación de riqueza.
Los efectos que la sociedad aragonesa percibe por la implantación de 32 casinos son:
Las razones de esta interrelación son variadas y entre ellas destacamos que los casinos inducen al jugador a través del ambiente de lujo, sofisticación, servicio exorbitante, atenciones excesivas en construcciones de ensueño donde deja de existir la luz natural y todo el tiempo se confunde facilitando la pérdida de control de manera que no tengan los jugadores ni que moverse de su puesto de juego.
Los juegos de casino, principalmente las slots, que son las que generan los mayores ingresos, tienen un tiempo de respuesta mínimo, sobre dos segundos y medio, con lo que el jugador no puede bajar su atención y a la vez, por la rapidez de la jugada, es constantemente motivado a seguir jugando.
Según estudios internacionales los casinos obtienen cerca del 50% de sus ingresos de los ludópatas y jugadores en progresión adictiva, que representan el 4% de la población (Grinols-Omorov).

La empresa promotora podría abonar este jueves el pago de una cantidad estimada de entre los 200.000 y 300.000 euros a los dueños de propiedades particulares donde se pretende construir el macrocomplejo.

Dentro de ocho meses deberá hacer efectiva la compra y abonar el cien por cien del precio de los terrenos para Gran Scala.

El Consejero de Industria, Comercio y Turismo del Gobierno de Aragón, Arturo Aliaga, ha manifestado que "ILD debe aportar ahora los 12 documentos que marca el artículo II de la Ley de Centros de ocio de Alta Capacidad de Aragón".

ILD, promotor del complejo de ocio y entretenimiento Gran Scala ejecutará en junio el tercer y último pago de la opción de compra sobre los terrenos en los que se ubicará el mayor centro de ocio y entretenimiento de toda Europa.

ILD, que no ha llegado a ocupar las oficinas que alquiló en Plaza, reduce la superficie del complejo y el número de parques temáticos.
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