A.C.M. y su compañera R.G.R. muestran dos caras de una misma moneda, cómo vivió cada uno de ellos una época de juego y destrucción personal y familiar.
Algunos comentarios. Testimonio personal.
Yo era (soy) una persona abierta, alegre, con suerte en la vida; todo lo que hacía -aunque mal- lograba volverlo a mi favor. Empecé a jugar para evadirme, pero... conforme avanzaba mi dependencia, me volvía más solitario, más insociable, más intratable y buscaba cualquier excusa para salir o estar solo. ¿Cómo iba a comentar mi necesidad de jugar? "Cariño, te quiero, pero me duele la cabeza y me voy a dar una vuelta. Volveré pronto". Cosa que casi nunca era cierta. Salía de casa, del trabajo, y pensaba regresar a una hora prudente, jugar X miles de pesetas, pero esto se me hacía imposible. ¿Y si con las mil siguientes gano?
Así continuaba hasta que me quedaba sin dinero. ¿Qué diré? Mejor llegar contrariado o alegre. ¡Mentira! Excusas: Me he encontrado con..., vaya rollo, he estado co ..., Pepito tenía problemas, le he dejado dinero, me han robado, etc. La imaginación no descansa. A veces, una voz me decía: "vuelve a casa". Otras -las más-: "consigue dinero". Todo para no frustrarme. ¡Ingenuo!
Cuando el dinero propio se acaba, a pedir, a chantaqjear a la familia, a la empresa. Utilizaba el dinero de la empresa. "Lo devolveré". Pero casi nunca era así. Nuevas angustias.
El rendimiento laboral y mi vida familiar, cada vez más deteriorados, si no rotos. La situación empeora. Tanto física como anímicamente, estaba hundido. Los nervios no se sujetaban. Los improperios, los malos modos, eran mi forma común de expresqarme. El temor permanente y la certeza de que la situación no puede durar: "se va a descubrir, tiene que ocurrir".
Y lo que conlleva este descubrimiento y las reacciones que va a desencadenar. Recriminaciones, ataques, mentiras, todo... todo saldrá a la luz. Y yo ¿qué voy a hacer? ¿Tengo alguna palabra de defensa? ¿Qué nos sucedera?
Paso los días peores de mi vida, cada vez más miedo, más angustia, pero sigo jugando. ¿Cambiará mi suerte? El insomnio y el desvelo, son la noche común del jugador patológico. El rendimiento, en lo que sea, cero. Yo lo he sufrido.
¿Cuándo me descubrirán? Pase lo que pase, que me descubran, hasta que eso suceda...
Todo tiempo pasado no fue mejor. Vivencias de la compañera de un ludópata
Todo está al revés y no llego a comprender qué pasa ni qué puedo hacer para colocar cada cosa en su sition.
Trato de hablar con él. No saco ninguna conclusión. Me enfado conmigo misma. No sé qué solución es la adecuada. Me enfado con él. Los dos lo vivimos fatal. Me aíslo del resto del mundo. No sé qué contar porque no sé qué sucede a mi alrededor.
Poco a poco van surgiendo preguntas: ¿Qué se ha roto? ¿Tengo yo la culpa? ¿Ya no me quiere? Y si me quiere, ¿por qué me hace sufrir? ¿Por qué me miente? ¿Por qué ya no disfruta de las cosas? ¿Yo estoy dispuesta a seguir viviendo así? ¿Por qué esta tarde no ha ido al despacho? ¿Por qué está tan amargado? ¿Dónde va el dinero?
Creo que es bastante común este monólogo y cuando, después de mucho tiempo, se encuentra la explicación, es como un mazazo, la venda se cae y todo empieza a encajar. Ahora hace falta tiempo, cariño, diálogo y, sobre todo, ganas, por ambas partes, de volver a empezar.
Hay que plantearse si merece la pena o no y, si la merece, ¡manos a la obra! Con la mejor de las actitudes. Bajar de las nubes y pisar tierra.
Según la legislación actual, el proyecto de Gran Scala, el complejo de juego y ocio de Los Monegros, es inviable.
Exigimos al Gobierno de Aragón que actúe con transparencia, propiciando el debate social, escuchando a todas las partes afectadas y recordando que la Ley debe obligar a todos por igual.