"No he tenido tan mala suerte como aquel día que echando alguna moneda me tocaron diez mil pesetas."
Clin, clin, clin… “premio, me ha tocado”. Esta es la mala suerte de un jugador. Sí, sí, digo mala suerte. No he tenido tanta mala suerte como aquel día que echando alguna moneda me tocaron diez mil pesetas.
En su momento, el dinero era tentador. La posibilidad de conseguir algo de dinero era relativamente fácil. Era una manera de jugar inocente, social. Nos juntábamos algunos amigos y a la hora del café jugábamos alguna moneda, pero entre tanto estaba el futbolín y las cartas, aún más juego. Poco a poco, se convertía en algo habitual a la hora de ir al bar y ya no era la moneda que te sobraba sino tres o cuatro de cien. Empezaban los primeros arrepentimientos, “no debería haberme gastado esto, ahora no tengo para…”. Sabias que aquello no era bueno pero en menos de un semana ya había pasado lo mismo. Entonces llega una de las situaciones de más vergüenza. Era el momento en el cual tú ya sabes que estas haciendo mal, va y un amigo te dice: “¿Qué haces jugando tanto? ¡Eso es juego para tontos!” Aquí empieza la fase en la cual ya te da vergüenza que vean jugar, y empiezas a intentar que no te vean. Bajas antes al bar para poder jugar sin que te vea nadie o esperas a que se vaya todo el mundo.
A lo que te das cuenta ya te estas yendo solo por los bares a tomar cafés de “cinco mil pesetas”. Estás enganchado. En estos momentos no eres consciente de la adicción en la que te has metido, el pozo negro en el cual cada día vas cayendo más. Empiezas a gastarte toda la nómina, pero aún puedes llevar una vida más o menos “normal” y llega el día en el cual has discutido con todo el mundo y tienes tu primera enganchada: veinticinco mil pesetas en tres horas. “Soy idiota, cómo he podido ser tan gilipollas. ¿Y ahora qué hago? Me quedan cuatro pesetas para acabar el mes… no voy a volver jugar nunca más.” No me lo creía ni yo. “Anda, mira un cajero, voy sacar cinco mil pesetas a ver si recupero”. Otro batacazo. Estás hundido, ya no sabes dónde meterte, ahora es día 20 y no tengo dinero. Empiezan las mentiras, los robos, el déjame… Pero vuelves a cobrar y no ha pasado nada, todos tus problemas se han ido (por el momento). Día 10. Ya me he gastado todo. “¿Cómo voy a pasar 20 días sin dinero?” Un crédito. Mi primera tarjeta de crédito, me dura 15 días, ya me la he fundido. Todo esto si dejar de machacarme y cada vez hundiéndome más en ese pozo negro. Todo sigue igual, cada vez la bola es más grande, las mentiras van que vuelan y la situación es insostenible. Pero mi única manera de encontrarme bien es jugando, sin importarme nada, lo primero es jugar. Te das cuenta de que tu vida es un desastre y estas enganchado, te lamentas pero no puedes hacer nada, lo intentas, imposible. Incluso el suicidio antes que afrontar la situación y confesar. En mi caso llegó el día, el día en el cual tuve algo de valor. Ese día me encontraba hundido, había tocado fondo. No era capaz ni de ponerme en pie, me estaba muriendo. De mi boca salieron las palabras que me salvarían: “soy ludópata y necesito ayuda”. Mi novia se quedó de piedra.
Aquí empezó mi andadura en Azajer. Ya he pasado casi dos años sin jugar. Mi vida se ha convertido en una vida normal y soy feliz. Hubo momentos duros en los cuales me planteé abandonar, pero afortunadamente no lo hice. En estos momentos considero que la terapia ha funcionado y me siento afortunado por haber salido de una adicción tan dura. Lo importante es que soy FELIZ.
Reproducimos íntegro el protocolo de colaboración que firmaron el 12 de diciembre de 2007 el Gobierno de Aragón y la sociedad ILD, promotora del proyecto Gran Scala
Según la legislación actual, el proyecto de Gran Scala, el complejo de juego y ocio de Los Monegros, es inviable.
Azajer ha presentado en Bruselas, ante la Comisión de Peticiones, una solicitud de comparecencia. Se solicita a la UE el reconocimiento de la ludopatía como enfermedad social, así como la elaboración de un marco legislativo común a los 27 Estados miembros.